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05 marzo 2011

Una guerra nuclear combatiría el calentamiento global


Modelos matemáticos creados por la NASA indican que una guerra nuclear, por más pequeña que sea, provocaría un descenso de la temperatura mundial, durante dos o tres años, superior a un grado centígrado. Es decir, contrarrestaría el calentamiento global.
En 1945 la humanidad supo lo que es capaz de hacer una bomba atómica.
Además de arrasar con decenas de miles de personas y reducir a escombros ciudades completas, este tipo de arma es capaz de levantar suficiente polvo como para oscurecer la atmósfera.
Y es que uno de los “efectos secundarios” de freír al enemigo con dispositivos nucleares era el denominado “invierno nuclear”, un periodo de tiempo de varios años de duración en el que la luz solar no podría penetrar la superficie terrestre debido a las partículas enviadas a la atmósfera.
Pero la idea del “invierno nuclear” se quedó impregnada en la mente de algunos científicos. Sobre todo porque piensan que un evento de este tipo, debidamente acotado y provocado “por algún conflicto bélico a pequeña escala”, podría tener efectos positivos en la problemática conocida como “calentamiento global”.
ABC de España publicó que en la NASA han elaborado un modelo matemático para intentar determinar con exactitud cuál es la cantidad de explosivos nucleares que habría que detonar para detener el aumento de la temperatura.
Los resultados indican que bastaría con arrojar algunos cientos de bombas del tamaño de la que se usó contra Hiroshima, con una potencia total equivalente a unas 15 mil  toneladas de TNT (solamente el 0.03% del arsenal nuclear total del planeta) para “solucionar” el problema.
Obviamente, nadie dice que la NASA esté pensando seriamente en lanzar bombas atómicas, pero lo que seguramente busca este análisis es determinar el impacto que tendría a escala planetaria un "pequeño" conflicto bélico donde alguna de las partes use este tipo de armamento, y prevenirnos de sus consecuencias.

03 marzo 2011

CO2 Atmosferico y sus consecuencias

Los estudiosos encontraron que el aumento de CO2 en la atmósfera podría provocar en condiciones de estrés oxidativo, un incremento de muerte celular, lesiones en el ADN




El incremento de dióxido de carbono (CO2) atmosférico podría tener efectos directos sobre organismos vivos como las bacterias (aumento de muerte celular, lesiones en el ADN), según un estudio francés.
Según la experiencia del equipo de especialistas del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de Marsella (sur), el CO2 es un actor implicado “in vivo” en la formación de daños oxidativos.
Al tomar como modelo de ensayo la bacteria Escherichia coli (E. coli), los estudiosos encontraron que el aumento de CO2 en la atmósfera podría provocar en condiciones de estrés oxidativo, un incremento de muerte celular, lesiones en el ADN, frecuentes mutaciones en el mismo, entre otros daños.
Tras los resultados el equipo del laboratorio de química bacteriana proseguirá sus trabajos sobre el E. coli para caracterizar los distintos cambios que afectan al ADN.
Además, los científicos manifestaron su deseo de realizar la experiencia en ratones con la colaboración de otros investigadores.

Dietas Salvadoras?




Parece que comer insectos podría ser, según diversos estudios y especialistas, una eficaz manera de combatir el hambre en el mundo y, de paso, reducir los efectos del cambio climático. La ingesta de insectos proporciona al organismo grandes cantidades de proteína, con un bajo porcentaje de grasa y un coste de producción más bajo que el de la carne tradicional, tanto a nivel económico como ecológico.
Esto es así por varias razones. Al alto valor proteínico mencionado se suman grandísimas ventajas, como la tradicional capacidad de reproducción de los insectos, el hecho de que su pequeño tamaño no haga necesaria la existencia de enormes granjas donde producirlos, así como su alta concentración de aminoácidos y grasas beneficiosas. Por otro lado, estas criaturas son extremadamente resistentes, y resultarían fáciles y baratos de criar. Eso, al menos, es lo que cree Frank Franklin, director de nutrición pediátrica en la Universidad de Alabama at Birmingham, que propone crear una pasta alimenticia a partir de insectos con la que nutrir a niños que, de otra manera, sucumbirían al hambre en muchas partes del mundo.
Las cifras asociadas a la entomofagia no dejan lugar a dudas. Si la mayor parte del mundo adoptara este tipo de dieta, las emisiones de CO2, óxido nitroso y metano a la atmósfera asociadas a la ganadería tradicional verían sus porcentajes drásticamente reducidos. Un dato importante, si tenemos en cuenta que las explotaciones ganaderas son las responsables del 37% de las emisiones de metano y del 65% de las de óxido nitroso.
Las ventajas de comer insectos son, pues muchas: un planeta más limpio, reducción importante del hambre en el mundo y adopción de una dieta a priori más sana que las que ahora dominan nuestras vidas.